Feria de Abril de Sevilla



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A Jonás, Carlos, Alberto, Rafa, Jesús, Pachi, Carmen María y Cristina.


   Millares de bombillas encendidas en forma de Portada esperan a los afortunados ocupantes de un coche de caballos. La noche ha caído aunque ello sólo pareciera importarle a los que aún no se encontraban en el Real de la Feria. Sevilla se viste de gala y de fiesta en su mes grande.
   Foto: Juancho GarciaY me atrevo a decir lo de afortunado por dos cuestiones muy sencillas, los precios de alquiler de un coche durante esa semana en la ciudad otrora conocida como Híspalis alcanzan cotas inigualables –prueba de ello lo constituyen las caras de envidia y expectación que se atisban entre aquellos que ven como desciendes por la escalinata ayudado por el cochero-, y la satisfacción que produce bordear el río hasta cruzar el Puente de San Telmo mientras observas la tenue luz que hace destacar la Torre del Oro y escuchas el compás que marcan los cascos de las “bestias” y los cascabeles propios del enganche a la calesera.
Foto: Juancho Garcia   Tan solo cinco días atrás, millares de oriundos y foráneos esperaban impacientes el momento en que las Autoridades comenzaran la secuencia que da comienzo a esta fiesta, momento conocido como “El Alumbrao”, donde las bombillas desprenden su luz primero en la portada para continuar haciéndolo por las calles del Real como una ola de mar baña una playa.
   Pasear por Bombita, Joselito el Gallo o Gitanillo de Triana (las calles del recinto homenajean a figuras del toreo) es de libre acceso, cosa diferente se hace a la hora de entrar en las casetas, pues, en su mayoría, sólo pueden pasar los socios e invitados. Cuento con la suerte de tener apreciados anfitriones –a los que va dedicado este artículo- que me permitieron vivir la experiencia de escuchar cantes y bailes por sevillanas en directo, de alguno de los muchos grupos que se ofrecen para amenizar el ambiente en las casetas por esas fechas, al igual que disfrutar del buen yantar (huevos a la Pantoja, cigalas, montaditos de salmorejo y jamón ibérico entre muchas otras delicias) y Foto: Juancho Garciadel buen remojar de garganta ofrecido por el rebujito –si bien este último es capaz de conseguir que un nutrido grupo de sevillanos acabe cantando “… con siete estrellas verdes,¡oh! Mamá, bandera tricolor…”.
   La uniformidad con la que las Ordenanzas Municipales rigen el aspecto de cualquiera de las calles del Real, hacen de éstas una estampa digna de la mejor de las fotografías, donde lonas, bombillas y farolillos conjugan la combinación perfecta de alegría característica de esta celebración.



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   Cartel TorosPero siendo en sus orígenes una feria ganadera, y albergando Sevilla a la Real Maestranza (una de las Plazas de Toros más emblemáticas del territorio español), dos son las únicas razones que no te harán presenciar una corrida alguna de las tardes. El confesarse anti-taurino, o los prohibitivos precios que llegan a alcanzar los pases, en una semana en la que los gastos se disparan por doquier; puesto que sobre el ruedo se dan cita las mejores ganaderías y los mejores carteles según opinan los entendidos.



   Todos alguna vez hemos sido niños, y no hay fiesta sin “cochitos” –si bien los niños sevillanos los denominan como “cacharritos”-. En la Calle del Infierno las atracciones hacen las delicias de los “chinijos” y de los que no lo son tanto, pero gozan de descargar carcajadas al vaivén de la Barca Vikinga.
   Foto: Tom RafteryLa Feria hace honor a Sevilla como el Traje de Flamenca se lo hace a la mujer, pues a pesar de ser el único traje tradicional que sucumbe a los designios de la moda, tiene en razón de ser el de mostrar las más bellas formas femeninas, y cada sevillana lo luce con el convencimiento de saberlo único, pues incluso en los confeccionados sistemáticamente, guardan el cuidado de rodar un lunar, poner uno de más o jugar con la extensión de los volantes para que cada diseño sea realmente solo de ella.
   Ver “famosos” es tan habitual por las calles y casetas del Real, que es sólo cuestión de suerte que te cruces en el camino de alguno (como pasara a quien les escribe con Diego Tristán) o compartas barra con ellos, en muchas ocasiones, sin que ni siquiera llegues a reconocerlos o quedando tan solo como una anécdota en conversaciones que se van al limbo o lejanos recuerdos a causa de la resaca.
Foto: Juancho Garcia
   Los primeros rayos se vislumbran en el horizonte, y con los zapatos llenos de albero, no hay nada que siente mejor que tomar un chocolate con churros a orillas del Guadalquivir, mientras te sientes nuevamente un privilegiado y una pregunta te ronda el subconsciente: ¿Cuándo volveré a Feria? Hasta ese día, que espero que no sea muy lejano, les dejo con las fotos alojadas en mi FlickR y los vídeos de nuestro canal de YouTube.

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2 comentarios

  1. Hola:

    Muy interesante, a mi gustaría ir alguna vez a la feria de Abril de sevilla.

    Saludos desde PTB,

    Jorge Juan

  2. Hola, siendo una tierra tan cerca de la mía (Cáceres) y con algunas raíces comunes, siempre he sentido curiosidad por conocerla, aunque no he tenido todavía la ocasión.

    En mi tierra hay una feria también a finales de mayo que, aunque tiene similitudes con la de Sevilla, todavía le falta crecer mucho para ser como ella.

    Gracias por la información. Saludos.

    Vanessa (PTB)
    http://www.elmayortesorodelmundo.blogspot.com/

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