Natacha Almenara para La esencia de un viaje. Junio de 2010.
Mis amigos y yo siempre hemos querido hacer un viaje de ayuda humanitaria, para conocer otras culturas y ayudarles en la medida de nuestras posibilidades. Nos enteramos que una organización estaba preparando un viaje de estas características y ¡nos lanzamos!
Fuimos en el primer viaje de la Naviera Armas hacia el Aaiún, y ya ahí empezó nuestra experiencia,
después de 10 horas dentro del barco, llegamos al puerto y nos recibía un montón de gente con banderas de Marruecos, la tele y una fiesta, todo porque era el primer barco que llegaba, ¡todo un detalle!
Después del caos para sellar los pasaportes etc. Logramos salir y nos dirigimos al hotel, todo nos llama la atención, dunas de arena a ambos lados de la carretera, señales de ¡¡“cuidado con los camellos”!!, camellos por la calle, carros tirados de burros, vendedores ambulantes con carros de sandías, melones y todas esas personas con esa vestimenta tan peculiar… La “melfas” para ellas y para ellos los “darrás”.

Por las noches, la ciudad se convertía a la ciudad sin ley de tráfico, toda la gente en la calle, camino al mercado o a pasear con unos amigos o simplemente a sentarse en una plaza, abarrotada de gente haciendo lo mismo.
Nos sorprendió mucho el carácter de la gente, eran muy amables, de lo poco que tenían te daban, infinitamente agradecidos por lo poco que le pudimos dar de nuestro trabajo… una cultura completamente diferente.
Nuestro trabajo fue principalmente con niños y adultos discapacitados, hicimos manualidades, educación física y animaciones con payasos, mimos, juegos y canciones. La parte de las animaciones, la llevamos también a diferentes pueblos, extremadamente pobres, en los que además regalamos a los niños juguetes y material escolar.

Hicimos una visita al desierto del Sáhara con un grupo de hombres, los cuales visitamos en los Centros y nos querían agradecer la visita con este safari.
Levantaron una jaima y dormimos contemplando las estrellas.
Al día siguiente intentamos coger rumbo hacia Sudáfrica, pero en uno de tantos controles policiales, no nos dejaron pasar, ya que muchos de los coches que llevábamos, estaban a nombre de los padres y no de los conductores. Pero aún así disfrutamos el Mundial en las calles.
No pudimos sacar fotos en esta zona, ya que estaba prohibido y los policías te podían quitar la cámara muy fácilmente, también porque existían edificios oficiales como cabildos y parlamentos y no se pueden fotografiar.
La experiencia que nos llevamos, fue que todo se celebra muy sano, sin alcohol, ya que también está prohibida su venta, pero a mis amigos y a mi esta característica no nos afectó, al revés, estábamos en nuestra salsa, con cosas sanas, sin locuras ni problemas en cuanto a peleas, botellazos etc.

En definitiva, un viaje que nos ha abierto los ojos de otra realidad que existe, en el que hemos ayudado con nuestra simple presencia y en el que los materiales más simples como lo son, un lápiz, una goma o un balón sacaron sonrisas de oreja a oreja.
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Más gente así es lo que hace falta. Un diez a la organización que fomenta este tipo de actividades y otro a los voluntarios que, sin ni ellos mismos saber bien cómo, hacen la vida de los demás un poco más fácil.
Hola la verdad que me a encantado este relato y deciros q sois un buen grupo, esty muy contenta de saber que hoy en dia existe gente asi.Felicidades chicos y muy bonito vuestrs trabajo