Valga como precedente, que “Pequo” alude al navío que partió en busca de la literaria ballena blanca conocida como Moby Dick (Hernan Melville, 1851). La conexión entre la selección de obras seleccionadas por Javier González (Director Artístico de T.E.A.) y Yolanda Peralta (Conservadora de T.E.A.) y su tripulación, se sostiene en dos pilares fundamentales: la diversidad de procedencias de los marineros y de los autores de las obras; y “la contradicción entre la progresividad técnico-científica y la sensibilidad creativa de la imaginación, nacida de la disputa entre Ilustrados y Románticos, una contradicción que sigue aún hoy día desgarrando nuestras concepciones del mundo, vertebrando gran parte del trabajos de los artistas contemporáneos”1.
La experiencia que supone entrar en una sala donde una proyección hacia el techo te provoca la sensación de presenciar a un equilibrista sin ropa desde una perspectiva que antes no había experimentado, recorrer el “Corredor Suspendido II” de Cristina Iglesias (foto), o inmiscuirse en el proyecto de un “Re Trato” que no tiene fin y cambia según avanza la secuencia de video -Óscar Muñoz- son algunas de las gratas experiencias ajenas al mundo fotográfico que permanecerán en mi memoria.
Pero son, sin duda, cinco fotografías las que me produjeron mayor impacto. Enfocar el interior de una torre de oficinas (Hong Kong Shanghai Bank, Andreas Gursky, 1994) no es tarea difícil, sin embargo, contemplarla en gran formato hizo que me planteara sin yo hubiera tenido la misma idea, o si, simplemente,
hubiera negado la realidad que se encontraba ante mis ojos. La integración de una serie de fotografías realizadas por Txomin Badiola de retratos con la “escultura” que sirvió de escenario para sus capturas (foto), supuso un reto de comprensión para el que necesité la ayuda de la persona a la que va dedicado este artículo, pues mi mente cerrada e inexperta quiso centrarse en la caja y la silla que veía atadas con una cuerda, sin aspirar a dar una completitud con lo que, indudablemente, formaba parte del conjunto.
Una amplia estancia invitaba a comtemplar hasta el fin de los días “Black Madonna With Twins 4″ de Vanessa Beecroft, así como enormes óleos sobre lienzo de artistas como Jean-Michel Basquiat o el “Tríptico para Basquiat” de A. R. Penk (que se reprodujo para los carteles anunciadores de la exposición), pues se encontraba acondicionada con cómodos sillones.
Un retrato de semidesnudo firmado por Christopher Williams me hizo recordar la primera etapa de Chema Madoz en la que objetos cotidianos “atípicos” convivían en la composición con formas humanas, si bien es justo resaltar que fue una asociación de ideas mía particular, pues existen diferencias notables entre ambos conceptos.
Una gran panorámica de Sam Taylor-Wood donde se retrataba la vida en una estancia cualquiera, de un chalet cualquiera, fue la última de las instantáneas que me cautivó, si bien no sé si fue por la cotidianeidad de la escena o por el juego de iluminación natural que ofrecen los incontables vanos (que recuerdan piezas del popular videojuego TETRIS)
que permiten la entrada de luz al interior del T.E.A.
Es por ello, que a pesar de las diferentes opiniones suscitadas en torno a la idoneidad de aglutinar todas las expresiones artísticas en un solo edificio, y tal vez movido por mi innegable admiración por la arquitectura modernista, ese espacio de formas geométricas, con pronunciadas aristas y a la vez tan integrado con su entorno (se encuentra en el margen de un barranco, a escasos metros de La Recova, y bajo la atenta mirada del campanero de la Torre de La Concepción) ideado por el estudio Herzog&deMeuron y el arquitecto Virgilio Gutiérrez, es una de mis edificaciones favoritas de Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, “Nueva tripulación para el Pequod” no quedará tan solo en las retinas de aquellos que tuvimos ocasión de disfrutarla, pues continuará su andadura por otras salas, al igual que lo hará un servidor, intentando deleitarles con la siguiente “esencia de viaje”.
1: Cita textual. Accesible en uno de los paneles de la exposición. .
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El que desarrolla su estilo propio o bien tiene un ego sobredimensionado o es un necio. Nunca se deja de aprender, nunca se deja de evolucionar, nunca se desarrolla un estilo propio que permita dejar de aprender. Picasso cambió de estilo y experimentó.
Buen resumen de la exposición, un saludo PTB